25 años perdidos para la pesca

 

Sin calidad de aguas no hay nada que hacer. Pero se va a lo fácil, culpando a los pescadores del drama

MIGUEL VILLAR

PEPE CASAL      |     

Quiero exonerar a las recién llegadas señoras Vázquez, Docampo y Gutiérrez, conselleira y directoras generales, que han heredado un grave problema con el que no han tenido nada que ver. Tienen una gran ventaja sobre sus antecesoras, reciben, escuchan y dialogan con la gente. Comienzo: fui ponente de la Ley  Pesca del 92 y el que impulsó con Ángel Cancelo la prohibición de la comercialización de salmónidos, medida que parecía imposible. Preparé con esmero el primer Comité Gallego de Pesca (CGP) del año 94. En él pedí soluciones a la contaminación, a los vertidos, a los purines, al furtivismo, a las redes, a la invasión de centrales y minicentrales, a la falta de caudales ecológicos o a las salvajes alteraciones de los mismos, al incremento de la vigilancia en los ríos, a la potenciación de las sociedades de pesca, a la construcción de depuradoras, a la separación de aguas pluviales y fecales, etc.

Tras asistir a 20 CGP, para preparar el último me hubiese bastado con fotocopiar lo que llevé al primero, con solo incluir la invasión de cormoranes y visones, y solicitar medidas para que las depuradoras construidas funcionen correctamente y dejen de contaminar por no tener el adecuado mantenimiento. Lo demás, 25 años después, es lo mismo. Los hemos perdido dejando deteriorar nuestros ríos sin hacer prácticamente nada y permitiendo que llegasen a dónde están. Y sin calidad de aguas no hay nada que hacer, así de sencillo y triste. Todos los consultados en estos días por La Voz coincidieron en que la gestión ha sido nefasta. Es más, siempre se ha hecho lo mismo, ir a lo fácil y sencillo tomando medidas de tallas, cupos, vedas, etc. como si el único culpable de lo que ha ocurrido fuésemos los pescadores. De lo importante, nada, y así año tras año.

No olvidemos que un río con truchas es sinónimo de calidad de vida. Como muy bien dijo en el CGP el representante de Adega, los ríos están enfermos y tienen que ser los técnicos los que decidan las medidas a tomar. Estoy de acuerdo. Cuando uno está enfermo, va al médico de cabecera que le pauta un tratamiento, si no mejora lo envía al especialista para que lo vuelva a estudiar y tratar, y si es necesario se hace una sesión clínica en el servicio para estudiar el caso. Y de persistir el mal, se deriva a otro hospital que tenga especialistas más cualificados. Y, si puede, el enfermo busca la segunda opinión con el mejor especialista. Cuando los médicos, los técnicos de Medio Ambiente en este caso, no han sabido atajar los problemas y han estado con tratamientos que no han dado el menor resultado, toca ser inteligentes por parte de los políticos y buscar una consulta con el mejor especialista.

La estación Encoro do Con

En la USC tenemos a la Estación de Hidrobiología Encoro do Con, reconocida nacional e internacionalmente, con un grupo de científicos de primer nivel dirigidos por Fernando Cobo. Los que tenemos una licencia de pesca o pertenecemos a una sociedad, junto con los responsables políticos, debemos escuchar y aprender de los que saben más y que sean ellos los que decidan los tratamientos a aplicar al enfermo a partir de un diagnostico claro. Los que hasta ahora le han tratado lo han dejado morir porque, simplemente, no han sabido hacerlo mejor. Si fuesen técnicos de un equipo de fútbol o de una empresa de primer nivel, estarían en su casa. En las administraciones, así nos va, se cambian conselleiros, directores, subdirectores… pero los técnicos continúan, son los que hay. Si son buenos (ojo, hay muchos departamentos en la Xunta que los tienen buenísimos), perfecto, pero si no lo son, pasó lo que pasó.

Escasa representación

Para gestionar la pesca, los cargos directivos medios de la administración deben tener conocimientos. Si cuando les hablamos de un reo y piensan en los de Teixeiro, mal vamos. Como muestra de la sensibilidad que ha mostrado Medio Ambiente en los últimos años con los pescadores, está la composición del Observatorio Autonómico de los Ríos creado en enero del 2018, con 34 miembros, uno de ellos elegido por la Federación Gallega de Pesca, que tiene 392 federados. Representantes de los otros 45.000 pescadores gallegos, de las sociedades, o de la guardería que también pateamos el río, ninguno, salvo el federativo. Otra muestra: el funcionamiento de la web para el sorteo de los permisos, o la obtención y pago de licencias, es un desastre. Lo que en otras comunidades lleva 5 minutos, aquí… los sufridos pescadores lo padecemos. Si no son capaces de solucionar algo tan sencillo, ¿cómo van ha hacerlo con nuestros ríos muy enfermos?

El drama del Xallas

El ejemplo definitivo lo tenemos en el acotado del Xallas, uno de los mejores de Galicia. Tras el desastre del vaciado por parte de Ferroatlántica del embalse de Fervenzas, que es increíble que no se hubiese atajado por Augas de Galicia y Medio Ambiente, lleva 10 años como coto de pesca sin muerte. Cada año tiene menos truchas y está esperando a que alguien se decida a realizar el consignado y presupuestado plan de gestión, con los 300.000 €, indecente sanción, que pagó Villar Mir. Para colmo, recientemente se autorizó la instalación de una nueva turbina, que provoca grandes variaciones de caudal que afectan a la comunidad biótica que alimenta las truchas y hacen tanto daño al río como la invasión de los cormoranes, que en este tramo es brutal. Una peniña.

Dos reflexiones: no olvidemos los pescadores que hemos sido los primeros responsables del desaguisado por nuestra falta de unidad; el hecho de estar enfrentados por ser partidarios de una cosa o de otra, favorece al enemigo real. La segunda, que si pensamos que con la nueva Ley de Pesca y la pesca sin muerte se va a solucionar todo, se seguirá igual que hasta ahora, sin diagnosticar y curar al enfermo, y pronto llegaremos a la muerte de la pesca.

Pepe Casal es representante de las sociedades de A Coruña en el Comité Gallego de Pesca

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