A ESTE RITMO DE PESCA, EN TRES AÑOS ESTO SE ACABA

EL COMERCIO

Los pescadores que practican la modalidad sin muerte del salmón apuestan por darle continuar para preservar la especie

Adrián Suárez, practicando la pesca sin muerte en el Narcea. / E. C.

José Luis CallejaJOSÉ LUIS CALLEJA 
Gijón

Un año más desde que se puso en marcha hace un lustro, la modalidad de pesca sin muerte sigue siendo poco atractiva. El periodo para practicarla se abrió el pasado 18 de marzo y se cerrará este domingo con la apertura de la veda del salmón, momento en el que todos irán a por el campanu, el primer ejemplar de la temporada en los cinco ríos del Principado que albergan en sus aguas esta valorada especie (Eo, Esva, Narcea, Sella y Cares). Durante casi un mes, no han sido muchos los que se han animado a devolver el pez al río. Apenas se han vendido cotos, todo lo contrario que para la tradicional pesca con muerte, que ha registrado una cifra superior a las 2.000 solicitudes.

Los pescadores que desde el tercer domingo de marzo han practicado esta especialidad coinciden en señalar que es una manera de proteger el salmón, como lo están haciendo en los países nórdicos, porque en caso contrario, aseguran, ‘el monarca de los ríos’ corre un gran peligro en el Principado.

José Villa Estébanez (Oviedo, 1964) lleva desde los ocho años por las riberas del Sella y del Cares. Este habitual de ambas cuencas del oriente advierte de que «si seguimos pescando al ritmo actual en tres años esto se acabó». Villa tiene claro que la Administración debería de implicarse bastante más y, en este sentido, es rotundo al afirmar que «se necesita un plan nacional de recuperación similar al del oso o el lince, pero en toda la cornisa cantábrica».

En Asturias se precintaron sobre el millar de ejemplares en los últimos años -el pasado por la escasez de agua se redujeron las cifras a la mitad-, cuando se llegó a precintar esa cifra multiplicada por seis hace dos décadas. Y en Cantabria, Navarra y País Vasco existe un cupo de capturas que no supera el centenar. «Lo que queda en nuestros ríos es casi una mera representación de lo que había, por lo que hay que tomar medidas ya y, sobre todo, reforzar la vigilancia».

Por su parte, Jorge Rodríguez Maderal (Vigo, 1977) disfruta con esta modalidad en primavera «porque es una forma de proteger el medio ambiente y sigue siendo una forma de divertirme. Además de para mí también es pescar». También piensa que la supervivencia de salmón pasa por este tipo de práctica «pues es una manera de recuperar la población del salmón que cada año se reduce sin que nos demos cuenta».

Este ribereño del Narcea es de la opinión de que hay muchos más factores perjudiciales como la contaminación, los depredadores o las presas que en el camino de los peces, pero nosotros tenemos que poner nuestro granito de arena sin matar al salmón».

Sobre la escasa venta de cotos para la pesca sin muerte, Rodríguez Maderal destaca fundamentalmente que en primavera «resulta poco atractivo porque no hay salmones en el río y este año las riadas no invitan precisamente a pescar».

Mientras, Adrián Suárez (Avilés, 1995) se muestra satisfecho «porque la pesca sin muerte es una manera de ayudar a que sobreviva la especie, pero no es suficiente». Este joven pescador entiende que la mentalidad que hay en otros países tiene muchas dificultades para implantarse aquí. «No hay conciencia para preservar la especie y las repoblaciones no tienen el efecto deseado, pero lo grave es que si esto sigue a este ritmo nos quedamos sin salmones».

Raúl Ramiro (Panes, 1971) es uno de los más avezados ribereños del Cares-Deva y siente una profunda preocupación: «La realidad es bastante cruda. No hay peces en el río y no se protege lo suficiente al salmón». También le da mucha importancia a que «no se repuebla en la medida que se necesita y el futuro del salmón es incierto».

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